viernes, 24 de mayo de 2013

EL PARADIGMA SISTÉMICO, LA COMPLEJIDAD Y LA TRANSDISCIPLINARIEDAD COMO BASES EPISTÉMICAS DE LA INVESTIGACIÓN CUALITATIVA

·         Miguel Martínez Miguélez

·         Resumen
El objetivo básico de este artículo es ilustrar tres ideas matrices de la epistemología actual. En primer lugar, ayudar al lector a tomar conciencia de que vivimos en un mundo de sistemas en todos sus niveles: en el macrocosmos (galaxias y sistema solar), en el mundo ordinario del cosmos (un árbol, nuestro mismo organismo, cualquier aparato) y en el microcosmos (una célula, una molécula, un átomo, etc.); todos estos entes son sistemas. En segundo lugar, hacer ver que estos sistemas están estructurados a un alto nivel de complejidad: lo complejo es el modo natural de ser de los sistemas; y, por último, argumentar que lo complejo exige por sí mismo una metodología y estudio transdisciplinarios. En síntesis, se hace énfasis en que lo sistémico se define como algo muy complejo y lo complejo exige ser estudiado en forma transdisciplinaria. El artículo finaliza ilustrando brevemente dos programas computacionales que pueden ofrecer una gran ayuda operativa y práctica en la metodología transdisciplinaria.
INTRODUCCIÓN
A lo largo del siglo XX y especialmente en su segunda parte, hemos vivido una crisis de nuestro modo de pensar, de nuestro modo de razonar y de nuestro modo de valorar.
Esta situación ha generado un conflicto en las mismas bases de las reglas de la lógica en uso, es decir, del paradigma epistemológico, sustento de la ciencia y del conocimiento en general. “Estamos llegando al final de la ciencia convencional”, señala el Premio Nobel de Química, Ilya Prigogine; es decir, de la ciencia determinista, lineal y homogénea, y presenciamos el surgimiento de una conciencia de la discontinuidad, de la no linealidad, de la diferencia y de la necesidad del diálogo (1994: 40).
Por lo tanto, esta situación no es algo superficial, ni sólo coyuntural; el problema es mucho más profundo y serio: su raíz llega hasta las estructuras lógicas de nuestra mente, hasta los procesos que sigue nuestra razón en el modo de conceptualizar y dar sentido a las realidades; por ello, este problema desafía nuestro modo de entender, reta nuestra lógica, reclama un alerta, pide mayor sensibilidad intelectual, exige una actitud crítica constante, y todo ello bajo la amenaza de dejar sin rumbo y sin sentido nuestros conocimientos considerados como los más seguros por ser “científicos”.
En la actividad académica se ha vuelto imperioso desnudar las contradicciones, las aporías, las antinomias, las paradojas, las parcialidades y las insuficiencias del paradigma que ha dominado, desde el Renacimiento, el conocimiento científico. Desde mediados del siglo XX en adelante, se han replanteado en forma crítica las bases epistemológicas de los métodos y de la misma ciencia, y se sostiene que, sin una base epistemológica que le dé sentido, no pueden existir conocimientos en disciplina alguna.
Esta nueva sensibilidad se revela también, a su manera, en diferentes orientaciones del pensamiento actual, como la teoría crítica, la condición postmoderna, la postestructuralista y la desconstruccionista, o la tendencia a la desmetaforización del discurso, a un uso mayor y más frecuente de la hermenéutica y de la dialéctica. El mundo en que hoy vivimos se caracteriza por sus interconexiones a un nivel amplio y global en el que los fenómenos físicos, biológicos, psicológicos, sociales y ambientales, son todos recíprocamente interdependientes.
Estamos viviendo una transformación radical del concepto de conocimiento y del concepto de ciencia y llegando a la adopción de un nuevo concepto de la racionalidad científica, de un nuevo paradigma epistemológico. El modelo científico positivista –que imperó por más de tres siglos– comenzó a ser cuestionado severamente a fines del siglo
XIX por los psicólogos de la Gestalt, a principios del siglo XX por los físicos, luego –en la segunda década– por los lingüistas, y finalmente –en los años 30, 40, 50 y, sobre todo, en los 60– por los biólogos y los filósofos de la ciencia.
Así, el gran físico Erwin Schrödinger, Premio Nobel por su descubrimiento de la ecuación fundamental de la mecánica cuántica (base de la física moderna), considera que “la ciencia actual nos ha conducido por un callejón sin salida y que la actitud científica ha de ser reconstruida, que la ciencia ha de rehacerse de nuevo” (1967: 122).
Por todo ello, quizá, debamos seguir el sabio consejo que nos da Immanuel Kant en la introducción de su obra máxima La Crítica de la Razón Pura (1787): "el maduro juicio de nuestra época no quiere seguir contentándose con un saber aparente y exige de la razón la más difícil de sus tareas, a saber: que de nuevo emprenda su propio conocimiento"
Sin embargo, la ilimitada potencialidad que tiene la mente humana queda frustrada en la práctica, en la mayoría de los seres humanos, debido a los hábitos y rutinas mentales a que restringe su actividad. Hay tres conceptos que son sus raíces y se prestan a una gran confusión semántica: son los conceptos de sistema, complejidad y transdisciplinariedad.
Por ello, es de gran interés precisar su verdadero sentido, conexiones e interdependencia. Uno de los problemas radicales que presenta el “pensar profundo” reside en la prioridad que le demos a la epistemología y a la ontología en nuestro pensamiento. Como muy bien precisa el físico, filósofo y humanista germano, Carl Friedrich von Weizsäcker (1972), quien hizo notables aportaciones al campo de la física, la filosofía, la ética y la religión, “la naturaleza es anterior al hombre, pero el hombre antecede a la ciencia sobre la naturaleza”. La primera parte de esta proposición justifica la ciencia clásica, con su ideal de una completa objetividad (prioridad ontológica); pero la segunda parte nos dice que no podemos eludir la antinomia sujeto-objeto (prioridad epistemológica). Sin embargo, dada la profunda interrelación de estos dos conceptos, nuestra mente salta continuamente del uno al otro: de la naturaleza de algo a su conocimiento y, viceversa, del conocimiento previo de la naturaleza a una descripción más precisa de la misma. Por ello, nuestras reflexiones se centrarán en esta “dinámica mental”.

1. PARADIGMA SISTÉMICO
La orientación positivista, durante casi tres siglos, consideraba que sólo las sensaciones o experiencias sensibles eran un fenómeno adecuado para la investigación científica; sólo lo verificable empíricamente sería aceptado en el cuerpo de la ciencia; la única y verdadera relación verificable sería la de causa y efecto; la explicación de las realidades complejas se haría identificando sus componentes, ya sean partículas, genes, reflejos, impulsos, etc., según el caso; los términos fundamentales de la ciencia debían representar entidades concretas, tangibles, mensurables, verificables, de lo contrario, serían desechados como palabras sin sentido; las realidades inobservables habría que “definirlas operacionalmente” para poderlas medir; los modelos matemáticos, basados en datos bien medidos, serían los ideales para concebir y estructurar teorías científicas.
Este enfoque constituyó el paradigma conceptual de la ciencia clásica, pero se radicalizó, sobre todo, durante la segunda parte del siglo XIX y primera del XX con el positivismo lógico.
Pero, la revolución de los físicos, desde principios del siglo XX, implica que las exigencias e ideales positivistas no son sostenibles ni siquiera en la física: Einstein relativiza los conceptos de espacio y de tiempo (no son absolutos, sino que dependen del observador) e invierte gran parte de la física de Newton; Heisenberg introduce el principio de indeterminación o de incertidumbre (el observador afecta y cambia la realidad que estudia) y acaba con el principio de causalidad; Pauli formula el principio de exclusión (hay leyes-sistema que no son derivables de las leyes de sus componentes) que nos ayuda a comprender la aparición de fenómenos cualitativamente nuevos y nos da conceptos explicativos distintos, característicos de niveles superiores de organización; Niels Bohr establece el principio de complementariedad: puede haber dos explicaciones opuestas para los mismos fenómenos físicos y, por extensión, quizá, para todo fenómeno; Max Planck, Schrödinger y otros físicos, descubren, con la mecánica cuántica, un conjunto de relaciones que gobiernan el mundo subatómico, similar al que Newton descubrió para los grandes cuerpos, y afirman que la nueva física debe estudiar la naturaleza de un numeroso grupo de entes que son inobservables, ya que la realidad física ha tomado cualidades que están bastante alejadas de la experiencia sensorial directa.
Por todo ello, se volvió necesaria una nueva visión de la realidad, un nuevo "paradigma", es decir, una transformación fundamental de nuestro modo de pensar, de nuestro modo de percibir y de nuestro modo de valorar; y resultó imprescindible la adopción de un paradigma sistémico para poder comprender la naturaleza de todas nuestras realidades.
El ser humano, como todo ser vivo, no es un agregado de elementos yuxtapuestos; es un todo integrado que constituye un suprasistema dinámico, formado por muchos subsistemas perfectamente coordinados: el subsistema físico, el químico, el biológico, el psicológico, el social, el cultural, el ético-moral y el espiritual. Todos juntos e integrados constituyen la personalidad, y su falta de integración o coordinación desencadena procesos patológicos de diferente índole: orgánica, psicológica, social, o varias juntas.
Pero, cuando funciona normalmente, exhibe una maravillosa coordinación de esos subsistemas. Por esto, el ser humano es la estructura dinámica o sistema integrado más complejo de todo cuanto existe en el universo.
En consecuencia, se trata de integrar nuestros conocimientos en el Paradigma Sistémico, pues, como dice Ludwig von Bertalanffy, "desde el átomo hasta la galaxia vivimos en un mundo de sistemas" (1981: 47); y esto, desde lo inconmensurablemente grande hasta lo infinitesimalmente pequeño. La actividad práctica nos pide una orientación que tienda a integrar el “pensamiento calculante” y el “pensamiento reflexivo” de que habla Heidegger (1974), un proceso dia-lógico en el sentido de que sería el fruto de la simbiosis de dos lógicas, una “digital” y la otra “analógica”, implicando la acción de cada uno de los dos hemisferios cerebrales. En efecto, el mundo en que hoy vivimos se caracteriza por sus interconexiones a un nivel global en el que todos los fenómenos son recíprocamente interdependientes. Y cualquier área que nosotros cultivemos debiera tener en cuenta y ser respaldada por un paradigma que las integre a todas.
Un conocimiento de algo, sin referencia y ubicación en un estatuto epistemológico que le dé sentido y proyección, queda huérfano y resulta ininteligible; es decir, que ni siquiera sería conocimiento. Conocer es siempre aprehender un dato en una cierta función, bajo una cierta relación, en tanto significa algo dentro de una determinada estructura. En efecto, todo método está inserto en un paradigma; pero el paradigma, a su vez, está ubicado dentro de una estructura cognoscitiva o marco general filosófico o, simplemente, socio-histórico. Esto hay que ponerlo en evidencia; difícilmente podremos evadir la búsqueda del método adecuado para estudiar apropiadamente muchos temas desafiantes y, quizá, tendremos que constatar que ningún método disponible resulta compatible con la experiencia que vivimos.
Ante esta situación, tendremos que penetrar más profundamente y buscar nuevos métodos: métodos que lleguen a la estructura íntima de los temas vitales desafiantes, que los capten como son vividos en su concreción; pero estos métodos llevarán siempre implícito un desafío epistemológico.
Como dice Beynam (1978), “actualmente vivimos un cambio de paradigma en la ciencia, tal vez el cambio más grande que se ha efectuado hasta la fecha”. Está emergiendo un nuevo paradigma que afecta a todas las áreas del conocimiento. La nueva ciencia no rechaza las aportaciones de Galileo, Descartes o Newton, sino que las integra en un contexto mucho más amplio y con mayor sentido, en un paradigma sistémico.
Pero, ¿qué es un sistema?, ¿cuáles son sus constituyentes básicos, sus características esenciales? La naturaleza íntima de los sistemas o estructuras dinámicas, su entidad esencial, está constituida por la relación entre las partes, y no por éstas tomadas en sí. La relación es una entidad emergente, nueva: algo así como el buen sabor de un plato debido a sus múltiples ingredientes y condimentos (sabor y saber vienen de la misma raíz).
El enfoque sistémico es indispensable cuando tratamos con estructuras dinámicas o sistemas que no se componen de elementos homogéneos y, por lo tanto, no se le pueden aplicar las cuatro leyes que constituyen nuestra matemática actual sin desnaturalizarlos, la ley aditiva de elementos, la conmutativa, la asociativa y la distributiva de los mismos, pues, en realidad, no son “elementos homogéneos”, ni agregados, ni “partes”, sino constituyentes de una entidad superior; las realidades sistémicas se componen de elementos o constituyentes heterogéneos, y son lo que son por su posición o por la función que desempeñan en la estructura o sistema total; es más, el buen o mal funcionamiento de un elemento repercute o compromete el funcionamiento de todo el sistema, como lo vemos en todos los seres vivos y aun en todas las máquinas de la tecnología moderna.
El gran biólogo Ludwig von Bertalanffy señaló (en 1972) que para entender matemáticamente, por ej., los conceptos biológicos de diferenciación, desarrollo, equifinalidad, totalidad, generación, etc. (todos sistémicos), necesitaríamos unas “matemáticas gestálticas”, en las que fuera fundamental, no la noción de cantidad, sino la de relación, forma y orden; y eso es precisamente lo que trata de hacer el enfoque sistémico al estudiar su complejidad por medio de la inter- y transdisciplinariedad.



PUBLICADO POR. LUZ ANGELA GÓMEZ 

miércoles, 22 de mayo de 2013

IDEAS PRINCIPALES DE LOS PARADIGMAS EMERGENTES

HOLISMO E INVESTIGACIÓN CUALITATIVA EN EL MARCO DE LA ANTROPOLOGÍA DE LA COMPLEJIDAD. UNA REFLEXIÓN SOBRE LA PERTINENCIA METODOLÓGICA EN CIENCIAS SOCIO-SANITARIAS Y HUMANAS


Mayo 21 2013


Siles González, J; Solano Ruiz, C; Cibanal Juán, L.
Departamento de Enfermería. Universidad de Alicante.


RESUMEN
     Este estudio se ha orientado partiendo de los siguientes objetivos: Vincular el principio de pertinencia metodológica e instrumental a las características del objeto-sujeto investigado en el marco epistemológico de una disciplina. Reflexionar sobre la pertinencia de la investigación cualitativa y las fuentes histórico-etnográficas en ciencias socio-sanitarias y humanas (particularmente la enfermería) y humanas (debido a su holismo)
     El desarrollo del tema se ha vertebrado mediante un proceso de análisis centrado en las tres fases cruciales en la obra de Edgar Morin: Dialéctica entre lo real y lo imaginario (antropología de la muerte); dialéctica antropocosmológica y, por último desarrolla la dialógica antropo-bio-cósmica.

ABSTRACT
    This study was organised around the following objectives: Relating the principle of methodological and instrumental pertinence to the characteristics of the objectsubject on which research is done within the epistemological framework of a discipline, and Reflecting on the pertinence of qualitative research and historico-ethnographic sources in socio-sanitary sciences (particularly nursing) and human sciences (due to their holism)
    The theme development was structured through a process of analysis that focused on the three crucial phases in Edgar Morin’s work: the Dialectics between the real and the imaginary (anthropology of death); the anthropocosmological dialectics, and finally, the anthropo-bio-cosmic dialogics.


Palabras clave: Investigación cualitativa, antropología de la educación, antropología de la complejidad, enfermería.

I.                    INTRODUCCIÓN

    Un fenómeno complejo ha sido definido como: “ el compuesto por una gran variedad de elementos que mantienen entre sí una gran variedad de relaciones, con interacciones lineales y no lineales, sincrónicas y diacrónicas, la evolución de cuyo conjunto es imprevisible, incluso cuando su auto-organización se orienta por acciones teleológicas” (Vilar, 1997). Sin embargo, hoy parece evidente que el reduccionismo o la fragmentación de la realidad estudiada constituye un problema cuya relevancia no debe enmascararse por muchos que sean los impedimentos que obstaculizan su estudio sin renunciar a una perspectiva global de los fenómenos. Si la disciplina enfermera tiene por objeto sujeto de estudio al hombre en el contexto de los cuidados de salud, se debe partir de un cuestionamiento previo a todo proceso de abordaje metodológico:
    - ¿Qué tipo de conocimiento se pretende obtener... global o, por el contrario, se persigue un tipo de conocimiento parcial?
    - ¿Se persigue la comprensión de la situación por parte del investigador ...es, por tanto precisa la comunicación?
    - ¿El significado del proceso/ producto de la investigación es tan importante para el investigador como para el investigado?



II. ESTADO DE LA CUESTIÓN
    a) Dinámica metodológica y realidad social cambiante:
    La pertinencia metodológica como instrumento de indagación de la realidad social, ha sido cuestionada, fundamentalmente, en lo que se refiere a las ciencias sociales, filosóficas, históricas y antropológicas. Desde las aportaciones disímiles de la metodología dialéctica, la realidad ha sido objeto de estudio sin renunciar a su carácter dinámico: desde el revisionismo hegeliano (Kojeve, 1994, 2000), al materialismo dialéctico (Engels, 1978, 1980, 1990, 1997), se han planteado cuestiones sin las que sería imposible entender de autores que han evolucionado, como Edgar Morin, desde planteamientos fundamentados en la dialéctica. Ya han sido, pues, muchos los investigadores que han intentado superar las limitaciones metodológicas que no contemplaban la realidad de lo humano sin caer en reduccionismos exagerados. En esta línea hay que interpretar el fenómeno de la aparición de alternativas metodológicas más integradoras u holísticas. Sobre la antropología de la complejidad y el paradigma perdido (Morin, 1983a) existen gran número de trabajos. En esta misma línea de concienciación de la complejidad del fenómeno humano, pero enfatizando la dimensión biológica reinterpretando lo biológico como factor primordial en la integración biopsicosocial- hay que reseñar las aportaciones de Maturana quien explicita la presencia de la dimensión biológica en todo lo humano: lenguaje (1978), la fundamentación bio- lógica de la conciencia (1987, 1995).
   
Uno de los campos en los que más se han empleado los enfoques y usos dialécticos es en la psiquiatría y el contexto social de toda enfermedad: para comprender la relación dialéctica entre las conductas y las actitudes de los pacientes (Cunningham, Wolbert, Graciano; 2005); aplicando el método dialéctico a las dimensiones en las que anida el origen de la esquizofrenia: genética (tesis), epigenética (antítesis) y resolución final (síntesis) (tesis, antitesis, síntesis) para reflexionar sobre el origen de la esquizofrenia (Petronis, 2004), la dialéctica entre los fenómenos de inclusión-rechazo social inherentes a cierto tipo de enfermedades (Labonte, 2004); y, en fin, más genéricamente la dialéctica también se ha empleado para reflexionar entre dos supuestos antagonismos que parecen todavía difíciles de conciliar: el cientifismo y el humanismo (Ramey & Chrysikou,
2005).  En la disciplina enfermera han sido varios los autores que se han ocupado de valorar la influencia del método dialéctico en el desarrollo de investigaciones de temática muy variada: el estudio y análisis de los arquetipos que se construyen socialmente partiendo de las creencias y valores asentados en la sociedad y que vertebran la dinámica de instituciones implicadas en la dispensación de cuidados de salud (familia, sistema sanitario y de ayuda social, etc.) (Kitchener & Harrington,, 2004); Mohr (1999), desarrolla un estudio descriptivo y exploratorio implementando el método interpretativo e interaccionista de Denzin, para demostrar la naturaleza dialéctica de los cuidados.




III. MATERIAL Y MÉTODOS
    Al tratarse de un trabajo a medio camino entre la revisión, análisis y reinterpretación de los mate riales desde una nueva perspectiva –diferente a la original de los mismos-, su vertebración responde a una necesidad de síntesis que intenta superar la tradicional división entre los catalogados como “originales” y “revisiones”.
    Se ha procedido, en primer lugar a realizar el proceso heurístico de búsqueda de estudios relacionados con el tema empleando las siguientes bases de datos: MEDLINE, CINAHL, CUIDEN y CUIDATGE.
    Una vez extraídos los datos, se procedió al análisis de contenido y fueron agrupando en tres bloques de contenido temático por niveles de homogeneidad: a) Dinámica metodológica y realidad social cambiante; b) Paradigmas científicos y pertinencia metodológica; c) La investigación cualitativa y los métodos histórico-etnográficos y narrativos como instrumento de superación del reduccionismo inmovilista de la ciencia y facilitador de una visión compleja de la realidad.
    Posteriormente se procedió a analizar comparativamente las características de la antropología de
la complejidad y la disciplina enfermera con la finalidad específica de identificar las semejanzas y diferencias epistemológicas y metodológicas entre ambas.

IV. DESARROLLO DEL TEMA
    A. Dinámica metodológica y realidad social cambiante
    a) La salud y la enfermedad como un proceso situacional.  En la ciencia se han ido sucediendo diferentes modelos para interpretar el principio de pertinencia metodológica e instrumental a las características del objeto-sujeto investigado en el marco epistemológico de una disciplina. El primer método que respeta el carácter dinámico de la realidad integrando en una síntesis procesual las diferentes partes que la integran, es, el método dialéctico hegeliano reinterpretado por Kojeve (1994, 2000) y el materialismo dialéctico e histórico desarrollado por Marx (1993) y Engels (1978, 1990, 1997). Siguiendo a este último autor se puede constatar el carácter dinámico de la realidad: "La dialéctica no es más que la ciencia de las leyes generales del movimiento y la evolución de la naturaleza, de la sociedad humana y del pensamiento." (Engels, 1978)
    En este contexto iluminado por el razonamiento dialéctico, los conceptos de salud y enfermedad deberían compartir el carácter dinámico o procesual:
    “(...) Salud es el ajuste perfecto y continuo del hombre a su ambiente; por el contrario la enfermedad es un ajuste imperfecto y discontinuo (...)” (Domínguez, 1988)
    Por otro lado, la dimensión situacional y dinámica de todo lo que tiene que ver con la salud y la enfermedad se expresa en la siguiente expresión:
    “No existen la salud y la enfermedad (como expresiones universales o absolutas), sino, simplemente, la suma de interpretaciones derivadas del conjunto de situaciones implicadas en un proceso” (Siles, 2000)
    La dialéctica, como instrumento de indagación, razonamiento e interpretación de la realidad ha sido interpretada de forma diferente según la época histórica.
    b) Dos conceptos nucleares para la compren- sión de los cuidados de salud y la naturaleza de la investigación cualitativa: homeostasis y holismo como instrumentos para interpretar dinámica y globalmente las situaciones: vida-salud-enfermedad
    *Homeostasis y el paradigma tetralógico de Morín (orden/desorden/interacciones/organización). Se puede interpretar la homeostasis, en principio, como algo que opone resistencia al cambio como: la tendencia a la estabilización del cuerpo relacionado con los procesos fisiológicos que están continuamente interactuando, provocando cambios continuos que pasan desapercibidos en aras al mantenimiento de una manifiesta estabilidad de orden superior. El medio interno responde a los cambios del medio externo que rodea al organismo. Se podría interpretar la homeostasis como una propiedad que controla su nivel de respuesta y adapación al contexto y, en ese sentido, es un factor sistémico que facilita el equilibrio y la estabilidad del mismo (Maturana, 1972).
    La homeostasis social se puede estudiar observando, por ejemplo, la resistencia que las estructuras oponen a los cambios históricos. La familia, como estructura social básica de convivencia y socialización (Siles, 1999), actúa como un mecanismo interno de estabilización de la sociedad, pero cuando se producen cambios radicales en la sociedad, la familia también suele evolucionar de forma convulsa. En definitiva se podría afirmar que la homeostasis responde a una dialéctica en la que intervienen los elementos de sistemas internos y externos y en los que el resultado es un proceso dinámico de síntesis.

Publicado por: Johana Guatame

lunes, 20 de mayo de 2013

DE LA TEORIA DE LA COMPLEJIDAD A LA ETICA ECOLOGICA

Revista de Ciencias Sociales (RCS)
Vol. XVI, No. 1, Enero - Marzo 2010, pp. 128 - 140
FACES - LUZ ISSN 1315-9518
De la teoría de la complejidad a la ética ecológica


Morán Beltrán, Lino E.*
Méndez Reyes, Johan M.**

 

Resumen

Entre las críticas más importantes a la racionalidad occidental, y surgidas a raíz de la modernidad, están las contenidas en la obra de Edgar Morin. Este estudio analiza los cuestionamientos que desde la teoría de la complejidad se hacen a la hegemonía de la perspectiva epistemológica instrumental de occidente, la cual, al haber formulado el antagonismo entre sujeto-objeto en el proceso de construcción del conocimiento, concibe a la naturaleza como ámbito capaz de soportar cualquier manipulación por parte del hombre y niega el valor de otros saberes engendrados desde diversas perspectivas gnoseológicas. La actitud depredadora de la modernidad ante la naturaleza, impone la urgente necesidad de plantear una ética ecológica que garantice la permanencia de la vida sobre nuestro planeta. Esta reflexión debe superar el actual paradigma de civilización.

Palabras clave: Teoría de la complejidad, ética ecológica, racionalidad occidental.
 

From the Complexity Theory to Ecological Ethics

Abstract


Among the most important criticisms of Western rationality, which emerged from modernity, are those contained in Edgar Morin’s work. This paper analyzes questions based on the complexity theory addressed to the hegemony of the western instrumental epistemological perspective, which, having formulated antagonism between subject-object in the knowledge construction process, conceives nature as an environment capable of enduring any kind of human manipulation and denies the value of other knowledge coming from different
gnoseological perspectives. The predatory attitude of modernity toward nature imposes the urgent need to develop an ecological ethic that guarantees the continuity of life on our planet. This reflection should overcome the current paradigm of civilization.

Key words: Complexity theory, ecological ethics, western rationality.

* Magíster en Filosofía. Director de la Escuela de Filosofía de la Universidad del Zulia.
Telf. 04146510559. E-mail: lmoran77@cantv.net
** Magíster en Filosofía. Jefe del Departamento de Filosofía Latinoamericana de la Escuela de Filosofía de la Universidad del Zulia. E-mail: reymanjoh@cantv.net
 

Recibido: 08-11-25 Aceptado: 09-05-14

 

Introducción
Es innegable el hecho de que la cultura occidental -surgida a partir de la modernidad expresada
en su religión, su política, su economía y su ciencia, ha pretendido, y casi siempre
ejercido, un papel hegemónico con relación a otros saberes y culturas. Esta práctica hegemonizante se inicia con el período de colonización durante el siglo XVI (1), se consolida
con el neocolonialismo de finales del siglo XIX y se agudiza ahora con la globalización
neoliberal (2).
El proceso de universalización de la cultura occidental en su fase neoliberal ha despertado
innumerables brotes de resistencias liberadoras y emancipadoras que expresan, en resumen,
la urgente necesidad de volver la mirada sobre culturas y saberes no occidentales que
permitan a la humanidad trascender el ideal moderno de racionalidad, a fin de encontrar solución a los problemas generados por esta práctica opresora que ha puesto al borde de un abismo la vida (3). Por ello, es apremiante la tarea de establecer un diálogo profundo entre saberes y culturas, lo cual implica el reconocimiento del otro en su mismidad y diversidad como sujeto capaz de irrumpir con sus verbos en la comprensión de la extensa complejidad que caracteriza la realidad. Se hace necesario un nuevo saber (Delgado, 2007).


1. Sujeto y método en la ciencia occidental
La racionalidad moderna occidental  tiene su fundamento en la certeza de que el conocimiento
científico es el único que proporciona la verdad, de que el hombre ejerce control y dominio sobre la naturaleza, todo con el fin de procurar el bienestar humano. En este sentido, el logos occidental expresado en su ciencia constituye el centro de la cultura y la civilización por antonomasia, y al hombre -por supuesto también occidental- en el amo y señor de lo existente, lo que ha servido de justificación de las políticas depredadoras de la naturaleza.

Para Morín (1999), la ciencia occidental, si bien es cierto que proporcionó valiosos
conocimientos que ampliaron el saber humano e introdujo innovaciones importantísimas
en el campo de la tecnología haciendo posible un hombre con poder superior para transformar
la naturaleza y su vida social, hoy se enfrenta a sus propios límites extremos, dado
que, producto de ella es posible la desaparición física de la vida sobre el planeta. Valga
solo mencionar el armamentismo nuclear, la extinción de especies, el hambre, el Calentamiento atmosférico, entre otros. 
Situaciones que, a pesar de encontrar justificación en la pluma de los teóricos pro-occidentales que observan en estos fenómenos el curso natural de la evolución, para Morin (2006:69) son productos de un saber que: Parcela y tabica los conocimientos (4);
tiende a ignorar los contextos; le hace un black-out a las complejidades; no ve más que la
unidad o la diversidad, pero no la unidad de la diversidad y la diversidad en la unidad; no ve
más que lo inmediato, olvida el pasado, no ve más un futuro a corto plazo; ignora la relación
recursiva pasado/presente/futuro; pierde lo esencial por lo urgente, y olvida la urgencia de
lo esencial; privilegia lo cuantificable y elimina lo que el cálculo ignora (la vida, la emoción,
la pasión, la desgracia, la felicidad); extiende la lógica determinista y mecanicista de la máquina artificial a la vida social; elimina lo que se escapa a una racionalidad cerrada; rechaza ambigüedades y contradicciones como errores de pensamiento; es ciega para con el sujeto individual y la conciencia, lo que atrofia el conocimiento e ignora la moral; obedece al paradigma de simplificación que impone el principio de disyunción o/y el principio de reducción para conocer, e impide de concebir los vínculos de un conocimiento con su contexto y con el conjunto del que forma parte (5); mutila la comprensión y dificulta los diagnósticos,
excluye la comprensión humana.
 Se observa en esa caracterización de Morin (2006), como la ciencia occidental ignora que esta supone un espíritu cognoscente, cuyas posibilidades y límites son el cerebro humano, y cuyo soporte lógico, lingüístico, informacional procede de una cultura que invade todo durante el proceso de indagación o producción de conocimiento. Según el parecer de Morin (2006), la ciencia moderna había logrado neutralizar este Problema. El observador funge como un fotógrafo, fuera del campo donde se produce el conocimiento, lo cual mutila su espíritu. Bajo el signo de la objetividad, se aprehenden objetos que parecen autónomos en su entorno, exteriores al entendimiento, dotados de una realidad propia, y sometidos a leyes objetivamente universales. 
En esta visión, el objeto existe de manera positiva, sin que el observador o sujeto participe en su construcción con las estructuras de su entendimiento y las categorías de su cultura. El objeto tiene plenitud ontológica, es pues una entidad cerrada y distinta que se define aisladamente en su existencia, sus caracteres y propiedades, independientemente de su entorno. Se entiende más en la medida que mas distancia se tome de él. Similares característica le atribuye a la ciencia occidental Delgado (2007). Para él, el reinado de la ciencia se transformó en reinado de la ciencia experimental, su soberanía ilimitada basada en la razón con el tiempo cedió lugar a una nueva soberanía, también ilimitada, pero ahora basada en si misma. 
A ello contribuyeron Descartes y Leibniz en un principio pero fueron Kepler, Galileo y Newton quienes atribuyeron soberanía absoluta a la razón.
Esta ciencia moderna, se fundamentó -al parecer de Delgado (2007:39)- en: La independencia, hegemonía, y supremacía de la ciencia con respecto a otras formas
de obtención de conocimiento; establecieron las categorías sujeto y objeto del conocimiento
como entidades separadas y autónomas; concibieron la investigación como descubrimiento
por el sujeto de las propiedades del mundo, ocultas como esencias, pero existentes
al margen del sujeto objetivamente; el método, su existencia previa a la investigación
y su escrupulosidad, fue concebido como garante de la confiabilidad de los resultados
cognoscitivos; se definió la objetividad como exclusión de cualquier interferencia del sujeto
en el descubrimiento y la descripción de los problemas del mundo; se estableció con claridad
la doble finalidad de la producción de conocimientos científicos: alcanzar el dominio
del hombre sobre la naturaleza para proveer a la humanidad de bienestar.
Sobre la base de estos ideales se fundamentó la razón científica y práctica que devino
dominante desde el siglo XVII hasta el XIX, la cual extendió su influencia hegemónica
durante el siglo XX hasta nuestros días.
Para Delgado (2007), el método al convertirse en el mecanismo principal para acceder al conocimiento reduce toda ciencia a la rigurosa aplicación de los pasos que éste contempla.
De allí, que se insista en la necesidad de luchar contra la deificación de la razón, que es sin
embargo, el único instrumento fiable de conocimiento. Lo que implica asumir una postura
crítica al respecto desde la racionalidad, entendida esta como el dialogo incesante, entre
nuestro espíritu, que crea las estructuras lógicas, que las aplica al mundo, y que dialoga con
ese mundo real. “La racionalidad, afirma, De la teoría de la complejidad a la ética ecológica
Morán Beltrán, Lino E. y Méndez Reyes, Johan M.  tiene jamás la pretensión de englobar la totalidad de lo real dentro de un sistema lógico, pero tiene la voluntad de dialogar con aquello
que lo resiste” (Morin, 2004: 102).
Se busca finalmente superar críticamente la independencia, hegemonía y supremacía
de la ciencia con respecto a otras formas de obtención de conocimientos; el establecimiento
de las categorías sujeto y objeto del conocimiento como entidades separadas y autónomas;
la concepción de la investigación como descubrimiento por el sujeto de las propiedades
del mundo, -ocultas como esencias-, pero existentes al margen del sujeto, objetivamente; y la
concepción del método, como garante de la confiabilidad de los resultados cognoscitivos.
“Todo esto supone un cambio en el mundo de nuestros conceptos, y cuestionar los conceptos
maestros con los cuales pensamos y aprisionamos el mundo” (Morin, 1999: 88).

Ahora bien, producto de la cultura occidental, esta manera de conocer aspira igualmente
a la validez universal, negándole a otros saberes importancia y validez. Es pues una ciencia hegemónica, como hegemónico pretende ser occidente desde sus postulados culturales, económicos y políticos. Sobre esta epistemología pesa un tremendo determinismo.
“Nos impone qué hay que conocer, cómo hay que conocerlo, lo que hay que conocer.
Manda, prohíbe, traza las rutas, establece balizas, alza las alambradas de espinas y nos
conduce allí donde debemos ir” (Morin, 2001:27). Todo esto impone una visión del
mundo y de las cosas, dado que este conocimiento controla, de forma imperativa y prohibitiva,
la lógica de los discursos, pensamientos y teorías. Además, se trata de una ciencia
al servicio de los más altos intereses políticos, económicos y culturales de occidente. Es una
ciencia que contribuye a que desde la infancia estemos culturalmente hipnotizados. “De este
modo, vemos como un complejo de determinaciones socio–culturales se concentra para
imponer la evidencia, la certidumbre, la prueba de la verdad de aquello que obedece al imprinting y a la norma” (Morin, 2001:31). 

Es una verdad que de manera absoluta se impone, casi alucinatoria, y todo lo que la conteste deviene repugnante, indignante, innoble. Es así como, por ejemplo, saberes ancestrales de
nuestros pueblos indígenas, que han servido de cimientos para resistir a los embates de la
cultura occidental y para mantener relaciones armónicas con la naturaleza se califican de
bárbaros, salvajes o incivilizados por no obedecer las pautas con las que se rige el  conocimiento occidental moderno.
Ciertamente muchos saberes han sucumbido ante la hegemonía de la epistemología
moderna, pero hoy cuando nos enfrentamos a la real posibilidad de que la vida desaparezca
sobre el planeta, se plantea una valoración de los aportes que desde otras perspectivas
conocedoras engendran vida y no destrucción.
Es un gran reto el que ahora se le plantea a la sociología del conocimiento. Ella no sólo debe detectar los constreñimientos sociales, culturales, históricos que inmovilizan y aprisionan el conocimiento. También debe tomar en cuenta las condiciones que la movilizan o la liberan. Es decir, debe ser capaz de desentrañar las potencialidades sociales, históricas y culturales de pueblos diversos a occidente que tienen autonomía de pensamiento y posibilidades
de objetividad, de innovación y de evolución en el dominio del conocimiento, y
de procurar una exigente evaluación de los postulados fundamentales desde los cuales el
mismo occidente ha venido aprehendiendo la realidad. Se trata a la vez de un reconocimiento
de otros saberes existentes en otras culturas y de la reformulación de la epistemología
occidental.__________________________________ Revista de Ciencias Sociales, Vol. XVI, No. 1, 2010

Conclusiones
 
Los conceptos presentados no configuran un programa, ni pretenden agotar las perspectivas
de análisis. Se refieren a las condiciones sobre las que debería trazarse un proyecto
de progreso humano, en el contexto de una globalización que implique un nuevo marco
civilizatorio, de una civilización no excluyente, y consciente del destino común de la humanidad.
La naturaleza no puede seguir resistiendo los daños causados por el hombre, producto
de la ambición y egoísmo que genera el sistema capitalista, lo que implica la urgente
necesidad de superar el paradigma epistemológico de la ciencia moderna.
El ser humano es el mayor responsable ante el problema ambiental. La vida sobre el
planeta agoniza, sobre todo la de los pueblos y ecosistemas ubicados al margen del desarrollo técnico-científico, lo que amerita de un dialogo de saberes que considere la dimensión compleja de lo existente y que haga comprender que el lo humano es parte integrante de la naturaleza y no su amo y señor.
El modelo de desarrollo dominante, que busca la acumulación de riqueza a costa de la
depredación de los recursos naturales, no es viable para todos. El debate axiológico actual es decidir entre la vida o el capital de cara a un beneficio común de la Tierra y de la humanidad.
 


Notas
1. El yo conquisto al indio americano será el antecedente práctico-político, un siglo antes, del yo pienso -teórico-ontológico- cartesiano. Por ello, la historia empírica de la conquista del Caribe, el nacimiento del mestizo y la esclavitud del afro-americano es el origen mismo de la
Modernidad en cuanto tal, de la experiencia ontológica desde donde se entiende la nueva filosofía europea. La apertura de Europa a todo el Planeta -como un globo verdadero- en expresión Carl Schmitt, se produjo por el despliegue de un mundo colonial (durante más de un
siglo decisivo, sólo latinoamericano). Por diversas razones de tipo biológico (enfermedades),
estratégico (tipos de armas, uso de naves, movimientos sobre el terreno de los cuerpos
militares, comprensión de la guerra en cuanto tal, conocimiento del territorio) y cultural
(comprensión libre de la estrategia militar ante comprensión exclusivamente simbólica de la
acción guerrero-ritual) el europeo venció fácilmente desde un punto de vista militar a los
amerindios. Este triunfo le dio al conquistador moderno uno dominación económica y política
absoluta, que fue usada de manera despiadada, sin ningún tipo de humanidad, para organizar
las estructuras de la dominación –hasta el presente- durante cinco siglos– del mundo colonial
y postcolonial. Le permitió igualmente tener pretensión de superioridad que nunca antes
había experimentado ante el mundo árabe, indostánico o chino, más desarrollado. La aparición del Otro, como un fantasma, del indígena semidesnudo que Colon vió sobre las playas de las primeras islas tropicales del Atlántico occidental descubiertas en octubre de 1492 fue rápidamente encubierta bajo la máscara de los Otros que los europeos portaban en su imaginario.
En realidad no vieron al indio: imaginaron los Otros que portaban en sus recuerdos europeos.
El Otro era interpretado desde el mundo europeo; era una invención de Europa. Ese
indio fue visto como la alteridad de europea, como el infiel que durante mil años había luchado
contra el cristiano en el mediterráneo.
Por ello fue violentamente atacado, desarmado, servilmente dominado y rápidamente diezmado...
La violencia fue brutal; la civilización amerindia tuvo conciencia de haber caído en una hecatombe final -era el final de los tiempos, del Quinto Sol; era el tlatzompam azteca,
el pachacuti de los incas- el paso a otra época (Dussel, 2007: 193-194).



Bibliografía citada
Boff, Leonardo (2001). Ética planetaria desde el Gran Sur. Madrid. Editorial Trotta.
Boff, Leonardo (2006). Do iceberg á Arca de Noé.Os Visionautas Garamond. Brasil.
Delgado, Carlos (2007). Hacia un Nuevo Saber. Publicaciones Acuarios. La Habana.
Delgado, Carlos (2006). Bioética y Medio Ambiente. Editorial, Félix Varela. La Habana,
Cuba.
Descartes, Renato (1983). Discurso del Método. Ed. Orbis. Barcelona.
Dussel, Enrique (2007). Política de la liberación: historia mundial y crítica. Editorial
Trotta. Madrid.
Fukuyama, Francis (1992). El fin de la Historia y el último hombre, Ediciones Cátedras,
Madrid.
Jonas, H. (1966). El fenómeno de la vida. Nueva York. Harper and Row.